CABALLO SALVAJE
Dann Recinos
7/23/20269 min read


“Qué te parece si sonríes por mí, te vistes bonita solo para mí”
- Simpson A.
Vivo en Zicatela, un lugar mágico, diría yo. El día de hoy me encuentro aquí recostado y con el control en la mano, no veré televisión, al contrario, pienso en qué hacer en estas tres horas que me sobran del día; intento leer pero en automático mi cerebro cambia de plan, ahora quiero escuchar lo nuevo de Kanye y bailar solo en mi habitación.
Lo intento y mi cerebro nuevamente actúa, ahora deseo poncharme uno de los que dejaron bien lerdo a Patricio Estrella. Mi cerebro nuevamente haciendo de las suyas, he decidido encender la consola y jugar lo de los últimos días, el videojuego por el cual me he pasado más de 150 horas completando, ¡ah! pero eso sí, uno de los que dejan más seco que el desierto de Sonora no puede faltar.
Abro el “Spoti” y pongo el disco Views de Drake, algo viejito para escucharlo en 2026. Comienzo a realizar bocanadas de macoña panteonera que me ha regalado mi vecino, muy considerado tomando en cuenta la cantidad amplia de libros y revistas que le he regalado; por otro lado pienso que para buen lector, el regalar un libro es como recibir un juguete nuevo, el tocar la portada, el relieve, checar la segunda página y ver la edición, el año, la editorial, ¿acaso soy el único que hace esto?
¡Pufff!, me encanta el olor de un libro nuevo, es como el perfume olor a mantecada que trae la morra que te gusta, si, seguro conoces a alguien así.
El caso es que me ha mandado mensaje una mina a la que he estado cortejando. Me fascina que sea más grande que yo porque no tengo que dar explicaciones de lo que pasa en mi vida; las mujeres mayores me gustan, son muy amorosas y comprensibles, maduras y pacientes, aunque no descarto la posibilidad de que exista un trasfondo más complejo que dé motivo a eso, sí, me refiero a los “mommy issues”.
Me pasa seguido que conozco a muchas mujeres, la playa me queda a cinco minutos caminando, voy diario a correr y galanear a medio día. Justamente la semana pasada estaba echando reta con mis reales -mis panas- y conocí a Yennefer, una mujer de 43 años. Es madre soltera, vino de vacaciones y según lo que me contó, es una persona muy religiosa -si supiera que se comió al meritito diablo…- mejor ya ni digo nada.
Ha sido muy linda conmigo, incluso me invitó a su casa en Edomex, algún día iré a visitarla y darle sus besos a la condenada. He de aceptar que para tener 43 años es una mujer con muy buen cuerpo, tiene pechos firmes y prominentes, posaderas que podría usar de almohada y dormir ahí toda una vida, una mirada de cazadora que te ensambla al primer vistazo, labios muy suaves -me gusta mucho morderlos-, pero nada le gana al momento en el que la tomo por la cintura y arremeto contra ella como si no hubiera mañana, como si mi mundo se fuera a extinguir por completo.
El placer de la carne es peligroso y a la vez atractivo. Si ella fuera 13 años más joven y no tuviese un hijo, seguro me casaba; pues claro, ni modo que mi primer hijo sea su segundo hijo… Tal vez fui algo duro con ella, igual y solo quería divertirse o distraerse y yo pensando en que soy epicentro y su mundo gira a mi alrededor -tremenda alucinada que me he aventado-.
Bueno, es parte de vivir en este paraíso, el creer e idealizar cosas, situaciones y personas a diestra y siniestra con la facilidad que tiene una lagartija al momento de hacer el push up. Ya se va terminado el fasito de guita prensada que me estaba zumbando, Yennefer me ha mandado mensaje, iré a verla al lugar donde se hospeda, pero quiero pasar a comprarle aunque sea un detalle, una flor si quiera, a las mujeres mayores les gustan los detalles -bueno a la mayoría de las mujeres, o bueno, qué digo, a todas las mujeres más bien-.
Guardaré mis cosas y cerraré mi cuarto de azotea, me pondré mi mejor ropa y me voy a perfumar como señor de los 80’s que tenía 2 familias y debía retocarse el aroma a cada rato. A mí me gustaría invitarla a dormir, ha de ser increible empiernarme con ella y darle amor toda la noche. Vivo en un cuarto piso y las estrellas cada noche me acompañan, las constelaciones que veía de niño con mi telescopio de “Mi Alegría” que me había regalado mi cuñada, esposa de mi hermano siguen ahí, ¿qué más puedo pedir?, definitivamente estoy en el cielo, o al menos eso pienso, mi habitación es un rincón cerca del cielo -como la película de Pedro Infante, pero versión contemporánea, región cuarta-.
El caso es que Yennefer me ha invitado a ver un partido de fútbol en la habitación donde se hospeda, son los dieciseisavos de final. Le pregunté sobre fútbol local y me contó que le va al Cruz Azul por cariño a su padre, igual que yo, “en paz descanse”, ahí sí yo no, mi papá aun vive.
Evidentemente acepté y antes de mi llegada, pasé a comprar una gran barra de chocolate Hershey’s con almendras, un ramito de rosas rojas y una pulserita de piedra volcánica hecha mini esferas que hace uno de mis panas, sé que no es mejor detalle, pero estoy seguro que no es algo que le importe, le importa más comerse nuevamente al diablillo mentiroso que te cuenta esto.
Al parecer se ha hospedado en la casa de mi pana el Oscarín, a una cuadra del teibol/bar “la vaca loca”. Antes de llegar no pude evitar pasar a darme 2 shots de mezcal de pechuga y uno de gusano en una tienda local que está justamente en la esquina de donde ella se encuentra, sucede que en ocasiones debo agarrar valor para desenvolverme, ella ha de pensar que soy un sujeto duro y con determinación, pero en el fondo, me quedo bien chato con tantas curvas que se carga esa mujer, sin mencionar su rostro tan hermoso que no puedo sacar de mi psique.
Le he mandado un mensaje avisando que estoy afuera, que baje por mí, hace mucho calor y siento que me derrito cuál baloncito de chocolate relleno de rompope, muy “ad hoc” para este mundial en casa.
Al momento que abre la puerta, lo primero que hago es darle sus regalos y cómo no, un buen “quico”, de esos que duran más de 5 segundos, que no sabes cuanto tiempo llevas pegado -sí, le mordí sus labios- .
Me invita a pasar y cuando llego me percato que en su mesa tiene 2 botellas de vino tinto, una de merlot y una de cabernet. A un costado se encuentra una tabla de quesos y carnes frías, ya sabes, cosas de señora que mola (no es queja).
Lo que no pude encontrar por mas que volteé a mi alrededor fue la tele, no había. De inmediato le pregunté que si la idea era ver el partido, no se iba a poder. Le propuse entonces ir a un barcito a pie de playa en el que venden mezcalitas y cerveza demasiado fría. En ese lugar suelen poner cumbia sonidera, es claro que quería sacarla a bailar, pero ella me dijo que no era necesario, que tomáramos el vino y después veíamos que hacíamos -se me hace que no íbamos a ver goles mundialistas y menos hablar del Cruz Azul.
Pensé más bien que el golazo lo iba a meter yo en la cama de la habitación que le rentó a mi pana el Oscarín, bien picara me salió está mujer. Me queda claro que sabe lo que quiere (reitero, no es queja).
Más de noventa minutos han pasado y hemos terminado las dos botellas de vino, de repente ya está en mis piernas sentada, me trae beso y beso, yo contento, como niño en dulcería, obvio yo soy bien pilas y comienzo a mover mi mano por su espalda baja, aparto el resorte de sus bragas y la acaricio con cariño y deseo, ella solo me mira y me doy cuenta que ya está ebria.
Me lanza esa mirada que en lugar de matar pasión, aviva sus llamas; ella se desabrocha dos botones del vestido y empuja mi rostro contra sus pechos, yo me doy cuenta que real, huele a rosas, quien sabe qué perfume usa pero me encanta esa mujer.
¿Realmente me encanta o solo es un sesgo que tengo por la alta atracción que me genera el apreciar cada detalle y ángulo de su esencia y persona?, qué se yo, lo cierto es que me siento en el cielo.
Ya en la cama, la embisto tan pero tan fuerte, que me sentí como toro en jaripeo, la tomo de la cintura y la aprieto con mis manos grandes, ella se mueve como si no hubiera estado con un hombre en mucho tiempo. La tomo del cabello y ella comienza quejarse un poco, no sé si de dolor o placer, hay latidos, latidos de mundial, Yennefer es extranjera y no puedo evitar vaciarme en ella. No me dijo nada, al parecer eso quería, estuvimos así por bastante tiempo, repitiendo el mismo ciclo, una y otra vez. La noche era joven y yo también lo soy, una vez más me siento como en un rincón cerca del cielo.
No vimos fútbol, no supimos nada del mundial, pero si hubo muchos goles. Fui goleador campeón, hice un buen “hard trick” como los de Cristiano, Messi y un tal Donatello - que dicen le gusta tirarle a los travesaños-, claro, claro, seguimos hablando de fútbol ¿no?
Me quedé a dormir con ella, tenía tiempo que no descansaba tan tranquilo y con un peso menos en mis hombros, pero cuando desperté (me despertó Oscarín) me informó que ella ya se había ido unas horas antes.
Miré alrededor y solo observé la mitad del Hershey’s que le había regalado y un llavero de mi videojuego favorito del último año, ¿cómo pudo conseguirlo tan rápido y cómo se acordó? Si solo lo mencioné en una ocasión y fue muy muy casual; a la postre, Oscarín se la pasó preguntándome que qué hacía ahí, yo le conté que estuve con una mujer y él comenzó aventarme carrilla.
Empezó por decir que era una señora, pero si supiera que es la mujer con la que más me ha gustado estar en la vida. Al final ni le dije nada, no me quería salir de la cama porque el canijo había comprado sabanas árabes de 900 hilos -según él-, eran verdaderamente cómodas y básicamente te amarran al sueño profundo.
Horas más tarde pensé en mandarle mensaje a Yennefer preguntando que porque se había ido sin avisar y porque no se había despedido de mí, pero cuando miré mi celular, me había bloqueado de sus contactos. Le marqué y tampoco estuvo disponible, me saqué un chingo de pedo, debo aceptar que me puse triste, casi lloro de la desesperación e incertidumbre.
Pasaron 2 meses y Yennefer al fin se dignó a hablarme. Me comentó que estaba contenta de lo que había pasado entre nosotros y quería quedarse con lo mejor de eso, que había reanudado actividades en su iglesia local y había “vuelto a tomar el camino del señor “. Le dije que quería volver a verla, pero ella no aceptó, dijo que no estaba bien, que yo era muy joven para ella y que necesitaba un esposo no un novio; yo me agüité de a madres y ese día me fui a contemplar el mar, justamente en lugar en el que nos conocimos.
Prendí un puro con boquilla del Tajín que me había regalado mi amigo Mau, al parecer los trajo de su último viaje -qué buen tabaco-, puse una rola del Kase O, la que me recuerda ella, “Amor sin cláusulas”.
Solo pensé en lo feliz que fui con ella, aunque estuvimos juntos en pocas ocasiones para mí fue como una eternidad. Le pedí a Dios y a la vida que la tuviera con bien y que me dieran fuerzas para soltarla, no sé en qué momento me pegó tanto su ausencia, después de una oración por ella y por mí, me fui de vuelta a casa, al rinconcito cerca del cielo.
Estás historias ocurren día a día en este paraíso de Puerto Escondido. Lo que aquí pasa, aquí se queda. La vida en ocasiones es tan sublime y fugaz que lo único que nos queda es disfrutar mientras podamos y agradecer por los buenos momentos, vivir el presente y soltar el pasado. En mi siguiente vida quisiera reencarnar en un caballo salvaje, galopar y galopar todo el día hacia el horizonte, seguir la senda, ser libre, libre de verdad.



