DESTINOS ARRUINADOS POR UNA SOLA NOCHE

Antonio Jarquín

4/10/20263 min read

Solo se sabe que así funciona el universo. A veces me gustaría que fuera alguien que me respondiera en un lenguaje que yo entiendo.

Por cada ser en existencia se abre una nueva teoría sobre su surgimiento y propósito. Hay cosas, entes o algos con un objetivo estrictamente definido claro ejemplo de ello es la gravedad que permite que todo se atraiga y que no ande por ahí en su existencia lejos de otro algo sin rumbo alguno, siempre hace que el universo se junte; y lo mismo sucede con la luz en su interminable viaje que hasta la fecha, solo ella sabe qué se siente ir a esa velocidad y guardar capa por capa el progreso de algo hasta que otro algo lo observe y pueda decir qué es.

Desde la tierra, miro siempre que se deja ver al güero ese, a mi patrón, parte de mi alimento, mi Dios y quien marca mi tiempo, el sol. Para mí tiene un objetivo definido que es llenarme de calor para que yo pueda hacerme de mi comida a diario, crecer, calentarme e iluminar mi futuro.

Sin embargo, hay otro ente que no sé para qué sirve en mi existencia, me ayuda y me destruye a voluntad. Sus tallos tienen tallitos que se pueden mover para que, a su vez, puedan mover otras cosas. No entiendo su lenguaje o sus intenciones, pero sí sus vibras y hay algunos entes que vibran “bieeeen” bajo y otros que parece que son enviados por el Sol mismo, el “patronazo”.

Mi objetivo aún no me lo defino a mí misma, pero recuerdo desde mi pequeño crecimiento por debajo de la tierra lo que quería ser, ya sabía que iba a ser un cempasúchil, una gran flor amarilla, imitadora del Sol en su forma y solo con un tallo fuerte que me permitiría en un futuro alcanzarlo, ese siempre ha sido mi objetivo, mi destino, mi pasión. Alcanzar al güero.

Pero ese ente, ese maldito ente y sus tallos movibles me arruinaron la vida, mi futuro y ahora no creo que mi destino llegue a cumplirse, puedo sentirlo.

Crecí bonita, fuerte y con decisión en mi meta, pero por ahí de casi finales del verano, cuando el Sol me dio su máximo apapacho, ese ente llegó, me sacó de la tierra y me puso en algo que según era también tierra, pero no era igual, era como estar en una cápsula en la que me movieron desde mi lugar natal, hasta un lugar en donde yo era la única, qué soledad tan abrazadora.

Abrazadora porque todo mundo me chuleaba indirectamente, escuchaba que cada que alguien se acercaba a ese ente con tallos raros le decían que estaba yo muy bonita, sentía sus vibraciones de sus sonidos, todo el mundo lo decía con sinceridad, alegría y esperanza. Nadie me hablaba a mí, pero aun así me seguía sintiendo la más bella de ese espacio raro, con cuatro paredes, sin aire fresco, con sonidos ajenos, sin insectos, sin nada de lo que conocía. Destino siniestro el que ya estaba a mi alrededor dictado por ese ente que era igual a muchos otros. Podía sentirlo todo.

En fin, fueron tiempos bonitos, aunque lejos, muy lejos de mi güero, mi guía, mi todo.

Ya casi no tengo energía porque esto es lo último que alcancé a dejar, gracias a que uno de esos entes y yo vibramos medio juntos y me medio entendió y ahora traduce esto a sus palabras.

Resulta que mi destino fue dictado por la famosa festividad que se llama “noche de muertos”, que hasta donde entiendo, se trata de recordar a quienes no están, que porque según vienen en la noche a echarse sus gustitos que en vida les gustaban y al mismo tiempo se trata de sacar a otros de sus natales tierras para destinarlos a la muerte, muy raro si a mí me lo preguntara alguien.

Mi destino fue dictado con una fecha final posterior al día de los muertos. Se terminó la venida de sus seres queridos y dejaron de echarme agua, de hablarme bonito, de apapacharme y comenzaron a decir que ya no pertenecía a ese lugar porque ya iban a traer ahora a unos compas con hojas rojas, botones amarillos y también tallo verde, pero nada que ver con la imagen similar al Sol que yo tengo. Nochebuena, ya me acordé de su nombre.

Tendrán el mismo destino.

La última vez que alcancé a vibrar con este ente de cinco tallos raros, yo ya estaba en un bote de basura y, aunque al fin reunida con más familiares míos, una cubierta negra nos encapsuló aún más. Nos clausuraron el Sol, me lo quitaron y con él mi destino.

Ni modo, me tocó nacer cempasúchil para adornar una oficina en Día de Muertos. No me agüito.

Sé que volveré eventualmente porque lo único de lo que estoy segura, es que todo vuelve a nacer. Así funciona el universo y me dará un nuevo destino.