MAGIA EN EL ATARDECER

Ángela González

4/14/20262 min read

Sé que el tema debía ser “México de noche”, pero les prometo que lo que quiero escribir no está tan alejado. La idea surgió días atrás cuando salí a caminar al patio en mi casa, el ambiente estaba un poco frío, pero hablo de un frío delicioso y, justo estaba atardeciendo. Ya saben, la luz de la tarde comenzó a apagarse, el cielo poco a poco se fue coloreando con tonos rosas y naranjas, la sombra de árboles y cerros contrastando de una manera magnífica, y la luna y las estrellas con su brillo helado, recién hacían su aparición en la escena. En ese momento me sentí muy conmovida ante el hermoso paisaje que se me mostraba, y la armonía me abrazó.

Pensé que ese tiempo que antecede a la noche -yo le digo la tarde noche- ofrece algo muy especial, te sumerge en una atmósfera romántica y como en ningún otro momento del día me siento invitada a relajarme, a bajar cualquier escudo o barrera y rendirme ante la belleza de lo que observo.

En ese espacio que siento muy íntimo mis palabras fluyen con honestidad, no hay algo que fingir, voy enunciando mis miedos y dudas, y siento como los suaviza el vaivén del viento, pienso que podría tener las conversaciones más vulnerables, que cualquier deseo podría pedirse y cualquier oración podría ser escuchada, como si entonces todo fuera posible.

Permanecí afuera un poco más hasta que discreta pero decidida se instaló la oscura oscuridad de la noche. Ahora sí las estrellas en el cielo eran más bien protagonistas, y pensé con cierto entusiasmo en que el atardecer es telonero del espectáculo que es la noche, aunque no me cabe duda de que ambos momentos pudieran ser el espectáculo principal al cual acuden todos para disfrutar.

En mi caso, esa noche en particular se sintió especial, cené con mi familia, bebimos vino y nos reímos mucho, desde mi pequeño lugar en el mundo experimenté paz, no imagino la infinita cantidad de escenarios que en esa noche se desarrollaban en otros mundos.

No hay noche que no cautive ni que llegue sin un atardecer, y no hay atardecer que no regale un espacio mágico para soñar mientras aún estamos despiertos.

He oído que la noche es toda magia

y que un un duende te invita a soñar, y sé que

últimamente apenas he parado y tengo

la impresión de divagar...

-“Héroes del silencio”, Maldito Duende