MEXICANIDADES DE MEXICANOS EN UN MÉXICO MUNDIALISTA

Alfonso Coronel Urrieta

7/22/20266 min read

Doña Inés - reina del dulce de jerez - es una de las tantas víctimas de lo que yo llamo “Sistema Mexicano de Resultados”.

Mientras el país se prepara para dar el “silbatazo” inicial del Mundial 2026, este engranaje burocrático se presenta como la conjunción del actuar de todos los funcionarios públicos del país sin importar el rango o jerarquía que ostenten, básicamente es un indicador de que tan eficiente es el gobierno.

Este sistema permite medir la velocidad y agilidad con la que, por ejemplo, un semáforo en el Estado de México pasa dos años sin reparación, mientras que en la capital se traduce en seis meses de espera como máximo.

Para el caso, Doña Inés, propietaria de uno de los departamentos del Multifamiliar de Tlalpan, no verá los estadios llenos ni celebrará los goles de la “Hormiga” González. Al igual que en Qatar 2022, su atención se centrará en denunciar la corrupción junto con los más de 20 mil vecinos que enfrentan el riesgo del desplazamiento forzado por parte de supuestos miembros de la Fiscalía y en defender su derecho a la vivienda digna.

Otro caso es el de don Javier – patrón de la birria - en Guadalajara, otra de las sedes que presumirá sus mejores galas. Las calles, luces y técnicamente todos los alrededores del Estadio Akron fueron remodelados y "embellecidos" en cuestión de semanas para recibir al turismo internacional, pero la calle en la que ha vivido toda su vida don Javier y en la que han crecido sus nietos (a solo unos kilómetros de ahí) cumple cuatro años con un socavón que ya es parte del paisaje.

Bajo este panorama, el mexicano común y corriente, a través de un ejercicio Kafkiano-metamorfósico se convierte en un superviviente, en una especie de mutación que sobrepasa a la burocracia estadística, en un fantasma que el sistema de resultados no puede medir porque en realidad no lo quiere hacer.

Por un lado, el mundial es la ironía máxima de nuestra modernidad como mexicanos, hacia el exterior somos el único país capaz de contener 3 veces al mundo entero, pero hacia el interior somos un México estancado en el que el derecho a la paz, a la vivienda, a la seguridad, al trabajo remunerado y a la justicia pronta y expedita se mide en la distancia que hay entre un estadio reluciente y un semáforo descompuesto desde hace sexenios.

Por el otro, el "sistema mexicano de resultados" no es más que el laboratorio en el que se destilan las verdaderas Mexicanidades de Mexicanos: esas que no se imprimen en los folletos de la FIFA ni se transmiten en alta definición a todo el mundo.

Mientras el presupuesto nacional se vuelca en estadios que brillan como joyas y en calzada que lo intentan, el ciudadano se ve forzado a mutar, a encontrar formas creativas de existir en los puntos ciegos de la administración pública. Es en esta brecha entre el lujo del evento y la precariedad del trámite en el que emergen los rostros que el marcador oficial de la FIFA jamás en la vida va a contabilizar, somos una una alineación de supervivientes que, más que un trofeo o un gol, exigen simplemente ser vistos por un Estado que desde tiempo inmemoriables, solo nos reconoce como estorbos en la vía rápida hacia el estadio.

Don Beto – el alquimista del caucho - victima del “gigante de acero”. El recinto norteño presume su certificación ambiental y su césped de última generación, pero Don Beto lleva tres años reportando una fuga de agua potable que ha creado un ecosistema propio frente a su llantera en Guadalupe. La idea es que la presión del agua llegue a su casa antes de que empiece el partido inaugural, pero para el gobierno, la prioridad es que los vestidores de las selecciones europeas tengan agua ionizada.

Lupita - la guardiana del pupitre - maestra de primaria en el Estado de México, afectada desde noviembe del año pasado por los trabajos de repavimentación en periférico y laboralmente sin proyector desde el año 2018. Mientras el gobierno presume la conectividad 5G en las "Fan Zones VIP”, la escuela de Lupita sigue esperando que les autoricen el prespuesto para reparar repare el techo que se cayó tras el último sismo y ver si sobra dinero para el proyector.

Rogelio - el experto del bicitaxi - El “R.G” como le dicen sus amigos, es un “Checo Pérez”en las calles de la CDMX. Hasta hace unos meses, sabía exactamente donde estaban los baches en la avenida que lleva al Estadio Azteca, los cuales en un solo año dejaron de existir gracias al poder de una aplanadora. Él es el verdadero motor de una ciudad que se mueve a pesar del gobierno, desde 2001 lleva a varios trabajadores gubernamentales desde metro Allende hasta el zócalo en menos de 10 minutos.

Doña Esperanza – la memoria del puerto - Aunque no es sede, Veracruz recibirá el flujo logístico grande. Doña Esperanza busca a su hijo desde hace seis años y para el sistema de resultados, ella es una cifra “en proceso de actualización”, para el México Mundialista, es una mancha en la postal que hay que ocultar con vallas publicitarias de marcas de cerveza que ya nisiquiera son mexicanas. Estos hechos no se mide en goles, sino en carpetas de investigación sin foliar y archivadas en el olvido.

Arturo - el ingeniero de la informalidad - Dueño de un pequeño taller mecánico desde los tiempos de su abuelito. Arturo paga impuestos con puntualidad (a veces en exceso porque no revisa bien su tarjetón de predial), pero para recibir “seguridad” ocasionalmente tiene que entregarle dinero a desconocidos que lo amedrentan y lo amenazan con quemar todo su taller, cuando realizó su denuncia, el ministerio público lo miró con ironía y se burló de el, pues “como iban a desplegar fuerzas especiales” para un taller cuando los oficiales y la guardia se encuentran escoldando a los los autobuses de los equipos internacionales como el de la Selección de Portugal.

Mafer – la reina del call center – Una poliglota, habla tres idiomas y es la encargada de resolver dudas a turistas extranjeros sobre el Mundial. Gana el salario mínimo y su contrato se renueva cada tres meses para evitar que genere antigüedad (a pesar de que se cuente ya con jurisprudencia al respecto). Mafer es el rostro de la "modernidad laboral" mexicana, una mujer altamente capacitada es víctima de la etiqueta burocrática del "éxito en el empleo", aunque ella no pueda costearse una entrada para ver un partido en su propio país.

Don Saúl - el filósofo del transporte - Chofer de una ruta que pasa cerca de Zapopan. Desde el año 2004 conduce una unidad que debería estar en un museo, pero que se le exige que la siga utilizando hasta que deje de funcionar. Él es quien realmente conecta al México real de colonias como “Mesa Colorada” o “Arenales Tapatíos” con la ilusión mundialista. Cada día a los primeros pasajeros les recita uno o dos aforismos, esperando que con ello el día se les alegre o al menos el pensamiento se les apapache.

Elena – la artesana de lo efímero: Sus textiles serán vendidos en las tiendas de lujo de los estadios a precios exorbitantes bajo la etiqueta de "Orgullo Mexicano" gracias a la apropiación cultural de algunas empresas. Ella y muchisimos artesanos más no tienen un registro de marca ni protección nacional o internacional. Para el Mundial, Elena es "cultura"; para la ley, es una proveedora invisible que debe conformarse con el "honor" de ser exhibida en una estantería.

Samuel - el centinela Tecate - En la frontera, muy cerca de Tecate, el Mundial se vive como eco de las ciudades. Samuel trabaja en una maquila de componentes electrónicos que probablemente terminen en las pantallas gigantes del estadio. Es en términos de burocracia es un eslabón eficiente de la cadena de suministro global; pero en realidad es un hombre que atraviesa una ciudad a oscuras durante dos horas para llegar a un trabajo que le paga en una sema a lo que un turista gasta en un hot-dog dentro del estadio.

Este es mi 11 titular, un equipo completo de mexicanos que no juega sobre el césped impecable del Akron o el Azteca (ahora Banorte), sino en el asfalto agrietado de la realidad.

No visten uniformes de marca ni tienen patrocinios millonarios, su única táctica es resistir y su estrategia, la pura supervivencia frente a un marcador que siempre parece estar en su contra.

Mientras el mundo mira hacia el centro de la cancha y vive los latidos de mundial, estas historias son el verdadero partido que se juega en las gradas del olvido. Al final, más allá de la fiesta y los reflectores, esto es lo que queda, las Mexicanidades de Mexicanos en un México Mundialista en el el triunfo más grande no es una copa, sino lograr ser visto y apoyado por sistema aunque sea un segundo, ni siquiera 90 minutos.

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