MÉXICO DE NOCHE. CRÓNICAS NOCTURNAS

Al. Ferrieta

4/8/20263 min read

México de noche es como una barranca sin fondo.

México de noche es un lugar en el que puedes ir y no volver, caer y no levantarte, y reír y llorar al mismo tiempo.

México de noche es un semáforo descompuesto desde hace seis meses para unos y una avenida interminable por el tráfico para otros.

México de noche es un taxi que se pierde, un after que amanece, una patrulla dando vueltas sin prisa porque sabe que los ladrones ya se llevaron todo.

México de noche es una mujer llorando en la banqueta con el maquillaje corrido, un hombre jurando que ya tocó fondo (por quinta vez) y una pareja prometiéndose amor eternamente.

México de noche son los puestos de tacos que salvan madrugadas y alivianan crudas, los bares donde alguien jura que mañana se va a ir del país, y los moteles de focos rojos con promociones económicamente geniales.

México de noche es un robo de “celulares y carteras” en el transporte público, una salida tarde del trabajo que acabará en un trayecto de cuatro horas porque el metro se descompuso (de nuevo), y el perro flaco que se llama “Solovino” cruzando la avenida como si conociera los tiempos del caos vial de Insurgentes y Reforma.

México de noche es la música que sale de un auto detenido en doble fila, la señora que anuncia la salida del último camión en el paradero, el estudiante que repasa apuntes con los ojos rojos de tanto cansancio y el vendedor de flores que todavía cree en el amor a las tres de la mañana y le vende el ramo más barato al joven más pobre.

México de noche es un balcón con plantas secas, un edificio chueco y otro medio hundido porque lo construyeron sobre un lago, una azotea donde alguien fuma mirando la ciudad deseando salir, pero añorando quedarse como si fuera de otro planeta, un departamento donde la fiesta ya se murió y están esperando al primero que se vaya para irse todos.

México de noche es un beso torpe afuera de un bar, un mensaje larguísimo que nunca se manda y se archiva en las notas, una llamada que se corta justo cuando iba a decirse lo más importante, un enamoramiento exprés de alguien que jamás vas a volver a ver, un “al rato se lo pago” de la señora que le vende caguamas a alguien que sabe que no se lo va a pagar.

México de noche es la promesa de que mañana sí, mañana todo cambia, mañana renuncio, mañana escribo, mañana me voy, mañana me inscribo, mañana empiezo el gym, mañana le digo que la amo, mañana estudio, mañana le cuento, mañana ahora sí me paro temprano, mañana lo hago, mañana entrego el informe que el jefe me pidió desde hace tres meses, mañana, mañana, y del mañana que nunca llegará.

México de noche es un concierto de una artista en el Metropolitan que no esperabas te terminara gustando tanto porque conociste a una banda diferente y el performance fue increíble, del caminemos tres cuadras para que el Uber nos cobre más barato, del córrele porque está oscuro y no hay nadie en la calle, del caminar y ver un graffiti que dice “Te amo Ivonne” en una pared, de los arrancones clandestinos que te recuerdan una franquicia de películas de autos y del Dr. Simi perreando en la noche al ritmo del camión de la basura.

México de noche podrá ser muchas cosas, pero para mí, es solo un cúmulo de crónicas nocturnas.